VOLVER A EMPEZAR

 

Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera,  el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar” (Marcos 2:22)

 

Lima, Febrero del 2009

Apreciados(as) hermanos(as):

 

Gracia y Paz de nuestro Señor Jesucristo sean con ustedes en el cumplimiento

de la Misión.

Reflexionar acerca de esta sentencia de Jesucristo nos lleva a considerar que siempre hay algo nuevo que verter sobre un nuevo recipiente. Esto nuevo puede ser: ideas, sueños, propuestas, fe, espiritualidad o visiones; pero que de alguna manera no puede ser contenido en un recipiente desgastado, caduco, viejo u obsoleto. El recipiente debe ser nuevo o renovado.

Estas palabras sabias de nuestro Señor valen para todo tipo del quehacer humano, desde la persona hasta una institución. De ahí que muy bien vale aplicarlo a la vida de la Iglesia. Ya nuestra Iglesia ha cumplido 132 años de presencia en nuestra patria y eso representa un tesoro valioso, pero a la vez también nos hace pensar que ya somos una institución añeja, por lo tanto, debe ser renovada para recibir lo nuevo que el Espíritu del Señor quiere verter sobre nosotros. Hace ya unos cuantos años han aparecido nuevas propuestas para renovar la Visión y Misión de nuestra Iglesia, pero hemos podido comprobar que aún hay un sector de la feligresía y del cuerpo pastoral que se resiste a lo nuevo y prefiere lo añejo, lo caduco, lo obsoleto. ¿Pueden recordar cuántas mociones, memoriales y acuerdos se han aprobado durante este tiempo? ¿Cuánto de ello se ha implementado y ahora podamos ver resultados?

 

Al empezar este año sin duda todos y todas se harán esta pregunta: ¿Qué vamos a hacer este año? Y se empezará a llenar papeles, planillas y crear nuevos objetivos y estrategias. Personalmente creo que todo eso no está mal, pero mi respuesta en estos tiempos sería: “Volver a empezar” No podemos quedarnos en el lamento, la queja o el llanto. Debemos tener en cuenta las palabras sabias de Jesucristo y del apóstol Pablo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62); “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14). Vale la pena recordar que hay cuatro objetivos que sintetizan todo el Plan Nacional de la Iglesia: Renovación, Santidad de Vida, Crecimiento y Desarrollo. Estos objetivos conforman el nuevo Cuadrilátero de la Misión.

Gracias a Dios que aún hay señales de lo nuevo que Él quiere verter en nuestras vidas y en la iglesia: renovación y santidad de vida en la Iglesia; surgimiento de nuevos campos de misión y crecimiento de la Obra, desafíos en la zona de la Amazonía peruana, creación del Seminario Teológico Wesleyano a nivel de la Región Andina de América del Sur, implementación del Proyecto de la Universidad Metodista, establecimiento del Centro de Estudios Wesleyanos para América Latina en Lima; nueva visión de ser Iglesia en nuestra patria, aplicación del diezmo como medida bíblica para nuestros aportes conexiónales, a nivel personal, local, distrital, nacional e institucional, para generar el desarrollo de la Iglesia. Pero también debemos agradecer al Señor el surgimiento de un nuevo contingente (pre adolescentes, adolescentes, jóvenes y profesionales) en la vida de la iglesia que están dispuestos a asumir el reto de construir una Nueva Iglesia, Justa, Santa y Solidaria. Esto nos anima y nos da una nueva esperanza para empezar de nuevo.

 

Animo a todos a renovarnos, espiritualmente, mentalmente y corporalmente para cumplir la santa Misión en este año y lo que queda por venir hasta que el Señor venga nuevamente.

 

Obispo Jorge Bravo-Caballero